A TIENTAS

A TIENTAS

lunes, 28 de julio de 2014

Verano



Hoy me acuerdo de aquellos días de verano sin preocupaciones.

De aquellos días sin fin, que transcurrían de la piscina pintada de azul  al caño (cuando era día de riego), cazando ranas, haciendo excursiones entre los árboles, arañándonos con las púas de los limoneros, merendar subidos a una higuera con las rodillas llenas de ronchas, producto de muchos golpes que no hacían daño. Me acuerdo de los bocadillos de Nocilla debajo del jazminero, de la lengua salada de tanto comer pipas mientras jugábamos a la brisca con los abuelos, de las cacerolas de agualimón, de los collares de "Pedros de noche", del abuelo tocando su música, de nosotros bailando la raspa, de cuando un murciano ganó la plata en las olimpiadas...

O esos otro días, en la playa, jugando con la arena a hacer castillos, o la comida de nuestro restaurante imaginario, saltar las olas, saborear un plato combinado como la mayor delicia gastronómica, caminar por el paseo de noche suplicando que te compraran uno de esos juguetes absurdos que vendían por cien pesetas en aquellos tenderetes  y ser inmensamente feliz el día que lo conseguías, comerte un gofre, o cenar chanquete mientras los mayores hablaban de sus cosas y los observabas viendo lo peculiares que era algunos de los amigos de tus padres, ese pintor que traía una esposa diferente ese verano y una hija mayor que te enseñaba a hacer trenzas de raíz y te contaba historias interesantes sobre campamentos y amoríos, ese médico al que descubrías distinto sin su bata de médico, que el cantante argentino sacara la guitarra para cantar después de la cena, visitar la casa de una bruja repleta de un montón de cachivaches que te parecían tesoros, o aquel fotógrafo de viajes que me enseñó a dibujar al Pato Donald (sin mucho éxito) y que me trajo un bonito traje de marruecos de color rosa. Días de desayunos con periódicos y el Pequeño País y noches de canciones de romances de condes, de enamorados y muerte, de las morillas de Jaén,  para hacer más llevadera la vuelta a casa...

Y también aquellos días de juegos en la calle, de vecinos de diferentes edades, de cenas de bocadillo en un callejón, de escondite, de el pañuelo, del bote botero, de tomar el fresco con las vecinas, de la creación del periódico vecinal (que sólo tuvo una entrega), de silbar verano azul en las bicis, de enfados infantiles "porque me tocaba a mí", de los veinte duros de chuches para ir al cine de verano, de las investigaciones nocturnas para averiguar si en realidad aquel vecino mayor y cascarrabias era un terrible asesino y esa risa nerviosa que nos entraba cuando corríamos porque nos descubría...

Esos veranos sin preocupaciones tan diferentes a éste, a estos últimos... en los que me pregunto desvelada muchas noches, por qué narices decidí lo que decidí.¿Por qué a veces, de joven, te buscas problemas para descubrir más tarde que no hacía falta salir a buscarlos porque los problemas ya vienen solos?. Pero supongo que así, tiene más emoción la vida. O quizá sólo lo digo por encontrar un pequeño consuelo, como la zorra aquella que por no poder alcanzar las uvas, se convenció a sí misma de que estaban podridas. 

miércoles, 23 de julio de 2014

"Los enamoramientos" - Javier Marías






De este libro me llamaba la atención todo:  el título, la portada, el argumento, la cantidad de buenas críticas y premios y blablabla. Lo tenía desde hace bastante tiempo en la estantería, y decidí leerlo este verano. Es lo primero que leo de Marías, y es bastante probable que sea lo último.

Empezó bien, con un poco de intriga y enganche por ver a dónde me llevarían las reflexiones de esa mujer, María, que todas las mañanas desayunaba en la misma cafetería y veía repetirse prácticamente la misma escena todas las mañanas: una pareja, los Desvern, compartiendo desayuno entre risas y un cariño evidente. Hasta ahí, bien. Luego la misma mujer nos cuenta cómo un día, ese hombre muere por una desgraciada fatalidad. Tras este hecho, que la trastorna pero al mismo tiempo la atrae hacia la familia Desvern.. (o Devern), comienza la historia.

Y es ahí donde se me hizo larga, lenta y aburrida. Todo el tiempo dándole la vuelta a la misma cosa, a la misma idea, diciendo lo mismo una y otra vez. Soy consciente de que esta novela gusta mucho, y que ha recibido (y sigue recibiendo) muchísimos premios, pero permitidme que no lo entienda.

Hubo un momento en que me daban ganas de decirle al autor: "Que sí, Javier, que pillo por dónde vas, que sé lo que quieres decir y comprendo muy bien lo que piensas con respecto a la culpa y la ausencia de ésta, la muerte y lo que supone perder a alguien,  pero por Dios, deja de decir lo mismo una y otra vez con distintas palabras porque dan ganas de matar a Díaz-Varela, a María e incluso a Balzac,si se pone a tiro!"

Los personajes me resultan lejanos y fríos. No consigo empatizar, ni odiarlos, ni quererlos, ni entenderlos. Pasaron por mi cabeza como si nada. Además, creo que Marías no sabe ponerse en la piel de una mujer, o quizá sea que no me gusta el prototipo de mujer que tiene en su cabeza.. Por ejemplo, me llamó la atención este fragmento perteneciente a un pensamiento de María:

"no se le había pasado por la imaginación que algunas mujeres pudiéramos estar tan pendientes de nuestro aspecto en todo momento, de lo que tapamos o permitimos ver y hasta de la intensidad de nuestros jadeos, o que nunca perdamos del todo el pudor, ni siquiera en medio de la mayor agitación" 

¿En serio? Vaaaale, sé que dice "algunas mujeres", pero sinceramente, si "ni siquiera en medio de la mayor agitación" pierdes del todo el pudor, o estás controlando la intensidad de tus jadeos... algo no está saliendo bien en esa "agitación". Y no voy a añadir nada más sobre el tema. 

En resumidas cuentas, creo que Marías ha alargado lo que habría sido un buen relato y lo ha convertido en una reflexión demasiado larga que a mí se me ha hecho eterna. 

Sé que muchos se echarán las manos a la cabeza cuando me lean, y que no soy nadie para juzgar así a uno de los más prestigiosos escritores del momento, que incluso suena tímidamente como posible Nobel... pero es lo que hay. Además, sí que soy alguien, soy una lectora y no me ha gustado. Por suerte para él, parece que la mayoría de los lectores no son como yo.. :-) 


Aún así, he subrayado un montón de fragmentos y doblado muchas esquinitas... A lo mejor Marías no me disgusta del todo, a lo mejor sólo es este libro. Pero creo que, al menos de momento, lo nuestro no va a ir a más... ;-)


"Se convive sin problemas con mil misterios irresueltos que nos ocupan diez minutos por la mañana y a continuación se olvidan sin dejarnos escozor ni rastro. Precisamos no ahondar en nada ni quedarnos largo rato en ningún hecho o historia, que se nos desvíe la atención de una cosa a otra y que se nos renueven las desgracias ajenas, como si después de cada una pensáramos: "Ya, qué espanto. Y qué más. ¿De qué otros horrores nos hemos librado? Necesitamos sentirnos supervivientes e inmortales a diario, por contraste, así que cuéntenos atrocidades distintas, porque las de ayer ya las hemos gastado" "

"...nadie está hecho para la contemplación de la pena, de que ese espectáculo es tolerable tan sólo durante una breve temporada, mientras en él hay aún conmoción y desgarro y cierta posibilidad de protagonismo para los que miran y asisten, que se sienten imprescindibles, salvadores, útiles. Pero al comprobar que nada cambia y que la persona afectada no avanza ni emerge, se sienten rebajados y superfluos, lo toman casi como una ofensa y se apartan: "¿Acaso no le basto? ¿Cómo es que no sale del pozo, teniéndome a mí a su lado? ¿Por qué se empaña en su dolor, si ya ha pasado algún tiempo y yo le he dado distracción y consuelo? Si no puede levantar la cabeza, que se hunda o desaparezca" "

"...un error propio de niños en el que sin embargo incurren muchos adultos hasta el día de su muerte (...). El error de creer que el presente es para siempre, que lo que hay a cada instante es definitivo, cuando todos deberíamos saber que nada lo es, mientras nos quede un poco de tiempo."

"... inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos, y son muchos los que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo cuando ya agoniza el verano" 




jueves, 17 de julio de 2014

Sucede que me canso de ser...

Sucede que ésta era mi canción preferida del disco Agila, de Extremoduro. 
Sucede que no sabía que la primera frase pertenecía al poema "Walking Around" de Pablo Neruda
Sucede que a veces las noches de verano en las que llegas a las tantas del trabajo sirven para descubrir cosas
Sucede que a veces soy un poco lenta descubriendo cosas. 
Sucede que tengo la canción metida en la cabeza desde anoche.
Sucede que me sigue encantando
Sucede que me gustan más las letras que la música en general, y por eso Extremoduro siempre me ha gustado mucho.
Sucede que este disco me da nostalgia.
Sucede que esta semana es una caca de vaca.
Sucede que sólo conocía los poemas de amor y la canción desesperada.
Sucede que yo pensaba que Neruda era más cursi y menos Bukowski.
Sucede que esta semana yo estoy más para Bukowski que para Benedetti.







Sucede

Sucede que me canso de ser hombre 
Sucede que me canso de mi piel y de mi cara
y sucede que se me ha alegrado el día ¡coño!
al ver al sol secándose, en tu ventana: tus bragas
Empiezo a solas, sigo por ti y no comprendo nada,
desato tormentas sin rechistar,
sácame algún día del corral, necesito salir.
Yo me quedé con su olor, ella me arrancó la piel,
me dijo justo al final: no quiero volverte a ver.
¡Eh, lejos de mí!
deja que corra el aire, no te quemes, va a salir el
sol.
¡Sol déjame en paz!
La luna me ilumina, en esta ruina entra la
claridad.
¿Quién quiere saber?
si estoy quemado o escondo un corazón helado y
quema mi ser.
¿Ser? No he vuelto a ser el mismo
desde que se fue
Gillespie, Zappa, Mercury, Camarón
y me siento mejor
si sé que tengo una estrellita pequeñita pero firme

                                                                              Extremoduro (Disco Agila)








WALKING AROUND
SUCEDE que me canso de ser hombre.
Sucede que entro en las sastrerías y en los cines
marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro
navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.
Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,
sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,
ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas
y mi pelo y mi sombra.
Sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso
asustar a  un notario con un lirio cortado
o dar muerte a una monja con un golpe de oreja.
Sería bello
ir por las calles con un cuchillo verde
y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,
vacilante, extendido, tiritando de sueño,
hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,
absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.
No quiero continuar de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de bodega con muertos
ateridos, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo
cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,
y aúlla en su transcurso como una rueda herida,
y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas,
a hospitales donde los huesos salen por la ventana,
a ciertas zapaterías con olor a vinagre,
a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos
colgando de las puertas de las casas que odio,
hay dentaduras olvidadas en una cafetera,
hay espejos
que debieran haber llorado de vergüenza y espanto,
hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,
con furia, con olvido,
paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,
y patios donde hay ropas colgadas de un alambre:
calzoncillos, toallas y camisas que lloran
lentas lágrimas sucias.

Pablo Neruda